Noviembre en Goikomaia – por Ana
Lo que realmente calma (y lo que solo distrae un rato)
En los pasillos del Corte Inglés tuve, sin quererlo, una de esas mini-revelaciones del “qué me haría feliz”. Alex me miró y me lanzó una pregunta tan pequeña como inocente —y más incómoda— del mes:
“Si ahora mismo tuvieras 10.000€ para gastar en dos horas… ¿qué te comprarías?”
Pues mira… un abrigo, unas botas, una crema milagrosa, un poco de todo, para volver a casa sintiéndome un poco más… igual que siempre.
Spoiler: no funciona.
Y ahí se me encendió algo.
Porque por más que lo intentemos —una compra, una escapada improvisada, organizar, reorganizar, distraernos o rendirnos—, el perfeccionamiento que te venden no es la calma real.
Lo que calma de verdad no viene en una bolsa con ticket.
Lo que calma de verdad se parece más a esto:
Lo que buscamos fuera y la calma real
Esa pausa que llega por dentro.
Sentarte sin prisa.
Mirar por la ventana.
Respirar un poco más hondo.
Recordar quién eres cuando no estás corriendo detrás de nada.
Lo que calma de verdad no tiene glamour: es silencio, rutina bonita, rituales sencillos.
Esa sensación de que todo se recoloca sin haber hecho nada extraordinario.
De que vuelves a ti.
Y me doy cuenta de que, al final, casi siempre buscamos exactamente lo mismo aunque lo vistamos de mil maneras:
un rato de quietud, un cambio de ritmo, una señal de que seguimos siendo nosotros.
Con los años estoy aprendiendo —a ratos, a trompicones— que lo que realmente necesitamos se parece muchísimo menos a “cosas” y muchísimo más a tiempo, a espacio y a escucha.
Y quizá por eso escribo esto hoy, aquí.
Porque este mes me ha recordado algo que intento no olvidar:
que la calma no se compra, se encuentra.
No se persigue, llega.
Y nunca está en un escaparate.
Está en cómo habitamos lo que ya tenemos.
Aquí, en Casa Goikomaia, todo vuelve a su tamaño real.
La montaña enfría el ruido, el fuego calma, el silencio que queda lo dice todo.
Y esa verdad sencilla, que por más que disimulemos siempre vuelve:
la felicidad suele estar mucho más cerca que los 10.000€.
Si necesitas recordarlo, aquí tienes un refugio.
— Ana